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Orlando Arias Morales,
Potosí 1954, con pocos meses su familia se traslada a Cochabamba, que es donde
despierta al dibujo y a la pintura, que ejercerá de forma autodidacta. Comienza
a exponer sus trabajos en Oruro, Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, pero se traslada
en 1986 a Ecuador donde residirá, exponiendo en distintas capitales, hasta su
salida a Perú, estableciéndose, en 1988, en Colombia, Medellín, mostrando su
obra en galerías colombianas, costarricenses, españolas y de EE.UU.
A finales de 2003, es invitado a
tomar parte de varios certámenes en Italia, exponiendo en Florencia. Desde
allí, a Barcelona y después a Madrid, donde vive, desde 2004.
A Orlando
Arias hay que situarle en la generación de la diáspora, en la que se ve
obligada a salir fuera del país por múltiples razones, económicas, sociales y
culturales. Su obra multidireccional, arranca de una figuración indigenista,
para pasar a un expresionismo, que deriva a un realismo de desnudos, con
magníficos y rotundos dibujos. Luego vendrá un excelente momento dominado por
el poscubismo, a continuación una estética de ecos surrealizantes, pintura
metafísica, para desembocar en un esplendoroso realismo mágico, que no olvida
la abstracción, que es donde se inscribe esta etapa reciente.
¿Qué es Ciberandinos? Ante todo, una lección de pintura.
Una respuesta a su generación y al momento; cuando más se anuncia la muerte de
la pintura, más refulgente resulta en su obra. La conquista de un lenguaje, con
ciertos ecos bienvenidos.
“Ciberandinos”
es un espejo donde se mira una de las formas plásticas de América Latina, en la
actualidad. Una visión boliviana, sin recursos a la cultura de la queja,
imbuida por la solidez de una pintura elegante y atractiva, hechicera, legible
y que produce placer a los sentidos y excita el pensamiento.
En esta pintura, mucho mejor que en otras facetas
del pintor, veo una orientación, el aillu más hondo de un hombre profundo,
silente, pausado, adusto, que es Orlando Arias. En estas cromías y formas
robóticas, están ínsitas los aguayos y las máscaras, la reverberación de
aymaras y quechuas, los sones de un ritmo y una forma de entender el camino,
dicho con elación, con solvencia, con desparpajo, con rotundidad. Se oyen aquí
la queja de una quena, el sonido de los huankaras y la sonrisa de una imilla.
Tomás Paredes Romero
Presidente Asociación Española de Críticos de Arte.
Madrid, España
Presidente Asociación Española de Críticos de Arte.
Madrid, España
Metarealismo
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Ciberandinos
Abstracto
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